La tecnología nos dira exactamente qué comemos

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El 2015 se batió el récord de inversión en tecnología aplicada al sector de la alimentación, superando los 5.800 millones de dólares, el doble que el año anterior. Superaliments que nos aseguran el consumo diario de los nutrientes que necesitamos, la primera hamburguesa in-vitro, experiencias gastronómicas multe sensoriales, con realidad virtual y hologramas, frigoríficos que nos proponen recetas en función de los ingredientes que tenemos a la nevera… Todo esto pasará en menos de cinco años, según Màrius Robles, CEO y fundador de Reimagine Food, el primer centro de innovación sobre la alimentación del futuro, creado el 2014 en Barcelona.

Desde Reimagine Food han identificado 4.000 startups en todo el mundo vinculadas con el sector foodtech; de las cuales, 20 han pasado por la aceleradora del programa. Edamam, una plataforma con más de tres millones de recetas identificadas con su código nutricional, es uno de los éxitos de la primera edición del programa. “Las recetas se pueden filtrar por número de calorías y tipos de dieta y casi han levantado 1,5 millones de euros”, recuerda el fundador de la aceleradora.

Según Robles, quien estos días participa en la quinta edición del South Summit en Madrid, “estamos viviendo lo era del EATnomics, la nueva economía de la alimentación que transformará la forma en que producimos, distribuimos y consumen los alimentos”.

Qué comeremos en un futuro?

El homenaje a la materia primera cada vez será menor, nos costará encontrar materia primera y en cambio empezarán a aparecer productos sustitutivos en la carne, los huevo e incluso las gambas. La introducción de los insectos no es una falacia, es una realidad, sea mediante barretes energéticas o mezclados con chocolate. También habrá nuevos productos que saldrán de un laboratorio y que tendrán todos los nutrientes que necesita nuestro cuerpo. La ingeniería traída al plato. A Silicon Valley hace tres años que existe Soylent, un batido que promete aportar todos los nutrientes necesarios.

La próxima vez que comemos gambas habrán salido de un laboratorio?

Es posible, ya no es ciencia-ficción. Sí que es cierto que empezaremos a comer alimentos más orientados a la longevidad, a la medicina y a la belleza. Aparecerán nuevas proteínas, más allá de la quinoa o las algas.

En este contexto de ingredientes modificados, el origen del producto ganará importancia, no?

Recientemente ha salido una encuesta donde dice que un 80% de la gente no entiende el que dice la etiqueta de un producto alimentario. Esta transparencia cada vez tendrá más importancia y tenemos que entender que hablar de kilómetro cero o alimentación sostenible no quiere decir que tengamos que rechazar que aquella verdura lo haya cogido un robot. En el Japón hay un agricultor que antes había trabajado como programador en el sector automovilístico que ha cogido el código abierto de inteligencia artificial de Google para programar una máquina que mediante el reconocimiento de imagen le dice la tipología de pepinos. Esto es fantástico teniendo en cuenta que en el Japón hay 12 tipo de pepinos.

Y como lo comeremos?

Aquí es donde hay de momento la gran inversión del sector de la alimentación; entre el 60 y el 70% de la inversión corresponde al food delivery. El reparto a domicilio es un gran negocio, desgraciadamente todavía tenemos las discrepancias legales con los drons, hecho que impide hacer los repartos en cascos urbanos. Desde hace tres meses, en Londres ya hay un robot que tiene 100 kilómetros de autonomía. Aquí Amazon ha lanzado su servicio de entregas en una hora de alimentos frescos y congelados; esto quiere decir que el pescado del mercado te puede llegar a casa con un jugador nuevo al sector.

Del mismo modo que hablamos de ciudades inteligentes, también hablaremos de alimentación inteligente?

Sí, nanotecnología a nuestra barriga. Ahora hemos empezado un proyecto para analizar como comen los ciudadanos: smart food cities. El 2040, el 85% de la población vivirá en las grandes ciudades por lo tanto los ciudadanos se convertirán en makers de alimentación. Es decir, analizar las ciudades desde un punto de vista alimentario. Podemos identificar como influye que comas más grasa y que en consecuencia que visites más el ambulatorio. El objetivo tiene que ser mejorar el estilo de vida de las personas. El concepto de alimentos inteligentes ya está de moda: hablaremos de smartfood y de superfood; tendremos que hacer un diccionario con todo este nuevo lenguaje!

Google ya ha patentado un sistema que indica cuántas calorías tiene un plato al fotografiarlo…

Los escáners de alimentación siempre han existido, pero ahora gracias a la tecnología molecular, podemos tener estos foodscaners de la medida de un llavero, por 200 o 300 euros. Nosotros aceleramos Memora, unos startup americana que con una cámara de la medida de un pin, graba todo el que comes y al final del día te hace el balance. La tecnología nos dirá exactamente qué comemos.

En este nuevo paradigma, qué papel juegan las administraciones?

Me gustaría que jugaran un papel importante en proyectos de smart food cities y que mediante los diagnósticos que obtenemos se vinculen al crear programas de sensibilización. Este año, por primera vez a la historia hay más gente obesa que delgada. En Europa hay 17 millones de personas con trastornos alimentarios…

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